sábado, junio 15

Biden brinda su apoyo a Ucrania para frenar a Putin y pide a Israel que no use la ayuda humanitaria como moneda de cambio | Internacional

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La política exterior ha ocupado el primer y el último lugar en el discurso del Estado de la Unión del presidente Joe Biden. En dos bloques separados por las cuestiones domésticas, el mandatario demócrata ha hecho una enérgica defensa de la ayuda a Kiev (Ucrania puede defenderse sola con más ayuda, afirmó) y, para cerrar su alocución, de la contribución de EE UU a la ayuda humanitaria para remediar la situación catastrófica que vive Gaza, con guiños a ambas partes en conflicto, en especial, por inéditos, a Israel. El capítulo ucranio y el de Oriente Próximo, junto con una coda sobre la rivalidad con China, fueron las referencias de Biden a un mundo convulso, de inestabilidad global, que en casa también le está causando quebraderos de cabeza: los republicanos al bloquear en el Congreso la ayuda a Kiev, y los propios demócratas, al pedirle acciones concretas que palíen la catástrofe en Gaza. El caudal de votos de castigo por parte de votantes que en las primarias no marcaron la casilla que lleva su nombre, en protesta por su apoyo a Israel, no podía quedar sin respuesta esta noche, porque su suerte en noviembre estará en parte vinculada a su política en Oriente Próximo.

Tiempos convulsos y extraños, “en los que que la libertad y la democracia están siendo atacadas, tanto en casa como en el extranjero, al mismo tiempo. En el extranjero, Putin está en marcha, invadiendo Ucrania y sembrando el caos en toda Europa y más allá. Si alguien en esta sala piensa que Putin se detendrá en Ucrania, les aseguro que no lo hará”, apuntó, aunque “Ucrania puede detener a Putin si le proporcionamos las armas que necesita para defenderse. Eso es todo lo que pide Ucrania. No piden soldados estadounidenses, no los hay y estoy decidido a que siga siendo así”.

Apenas cuatro minutos después de empezar su discurso, Biden aprovechó la guerra en Europa para lanzar el primer gancho a su rival republicano, Donald Trump. Sin nombrarlo, el mandatario demócrata lamentó las recientes declaraciones de Trump invitando a Moscú a hacer lo que quiera con los aliados de la OTAN que no contribuyan al presupuesto de la Alianza. Biden le comparó, para mal, con un predecesor y correligionario suyo: “No hace tanto que un presidente republicano, Ronald Reagan, clamó: ‘Señor Gorbachov, derribe este muro’. Ahora, un expresidente estadounidense, inclinándose ante un líder ruso, dijo ‘haga lo que le dé la gana’. Es escandaloso, es peligroso e inaceptable”.

Dirigiéndose a los congresistas, pidió: “Debemos plantar cara a Putin. Envíenme la Ley Bipartidista de Seguridad Nacional [aprobada por el Senado, bloqueada en la Cámara por los republicanos]. La historia está mirando. Si EE UU se aleja ahora, pondrá a Ucrania en riesgo. A Europa en riesgo, al mundo libre en peligro, envalentonando a quienes quieren hacernos daño”. También tuvo un mensaje directo para su homólogo ruso: “No nos iremos, no nos doblegaremos, yo no me doblegaré. La historia nos observa, como nos observó hace tres años, el 6 de enero”, el día que una horda de seguidores de Trump asaltó el Capitolio. La equivalencia entre libertad y democracia, entre EE UU y el mundo, recorrió su mensaje. Sin hacer una excesiva profesión de fe atlantista, Biden recordó y celebró la incorporación a la OTAN de Finlandia el año pasado y de Suecia hoy mismo.

Tras el grueso del discurso, dedicado a cuestiones domésticas, Biden cerró con Oriente Próximo y la rivalidad con China. El primer asunto era el más esperado, tras haberse conocido este mismo jueves que EE UU establecerá un punto de ayuda humanitaria en el litoral de Gaza. Pero sus palabras sobre la guerra entre Israel y Hamás se hicieron especialmente de rogar, tal vez por ser las más esperadas.

La presión sobre la Casa Blanca de votantes demócratas que rechazan el apoyo a Israel es cada vez más acuciante, como han demostrado las primarias de Míchigan y Minnesota, entre otras, por lo que Biden aprovechó la sesión para anunciar, oficialmente, el plan por el que Ejército estadounidense ayudará a establecer un puerto temporal en la costa de la Franja. Porque no son sólo los votantes demócratas los que le presionan, también muchos legisladores del partido.

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“A la vez que gestionamos los retos en casa —dijo tras pasar revista a la sanidad, la inmigración o los derechos reproductivos—, también gestionamos las crisis en el extranjero, incluido Oriente Próximo. Sé que los últimos cinco meses han sido desgarradores para mucha gente, para el pueblo israelí, para el pueblo palestino y para muchos aquí en Estados Unidos”, concedió, en alusión a las víctimas de ambos bandos, algunos de cuyos familiares estaban presentes en la sala. Biden recapituló lo sucedido desde el 7 de octubre, “el día más mortífero para el pueblo judío desde el Holocausto”.

Israel tiene derecho a perseguir a Hamás, afirmó, si bien tiene “una carga añadida” porque el grupo islamista “se esconde y opera entre la población civil”. Pero, subrayó en línea con los comentarios más firmes de los últimos días de la vicepresidenta, Kamala Harris, “Israel también tiene la responsabilidad fundamental de proteger a los civiles inocentes de Gaza”, pues la guerra se ha cobrado “más víctimas civiles inocentes que todas las anteriores juntas” en el enclave. “Más de 30.000 palestinos han muerto, la mayoría de ellos no son de Hamás, son miles y miles de mujeres y niños inocentes, niños y niñas también huérfanos”, declaró sobre un panorama “desgarrador” de barrios bajo los escombros “y ciudades en ruinas”.

Defensa de la solución de los dos Estados

Biden, que exigió la liberación inmediata de todos los rehenes en manos de Hamás, explicó que su Administración ha estado trabajando para establecer “un alto el fuego inmediato que dure al menos seis semanas”. Pese a la presencia en la sala de su embajadora en la ONU, Linda Thomas-Greenfield, no mencionó los tres vetos con que su país ha bloqueado en el Consejo de Seguridad sendas iniciativas de alto el fuego humanitario. Sí enfatizó el liderazgo estadounidense en los esfuerzos de la comunidad internacional para hacer llegar más ayuda a Gaza, y puso como ejemplo el anunciado plan del muelle temporal en su costa. “Esta noche he ordenado al ejército que dirija una misión de emergencia para establecer un muelle temporal en el Mediterráneo, en la costa de Gaza, que pueda recibir grandes barcos cargados de alimentos, agua, medicinas y refugios temporales. No habrá tropas estadounidenses sobre el terreno, pero Israel también debe poner de su parte”, permitiendo que entre más ayuda a la Franja y garantizando que los trabajadores humanitarios “no se vean atrapados en el fuego cruzado”.

“A los dirigentes de Israel les digo lo siguiente: la ayuda humanitaria no puede ser una consideración secundaria o una moneda de cambio. Proteger y salvar vidas inocentes tiene que ser una prioridad. De cara al futuro, la única solución real es la de los dos Estados, lo digo como partidario de Israel de toda la vida y como el único presidente estadounidense que ha visitado Israel en tiempos de guerra”, concluyó, no sin recordar que, sin estas premisas, “no habrá otro camino que garantice la seguridad y la democracia de Israel”.

Biden también abordó el riesgo de conflicto regional si el conflicto no amaina, la necesidad de contener la amenaza que supone Irán como condición imprescindible para la estabilidad de Oriente Próximo, y la de la seguridad del transporte en el mar Rojo, “con ataques para degradar las capacidades de los hutíes y defender a nuestras fuerzas en la región” que, avisó, volverán a repetirse si es preciso.

China y la competencia comercial y geoestratégica de ambas potencias puso la rúbrica al discurso. “Durante años lo único que he oído decir a mis amigos republicanos y a tantos otros es que China está en auge y EE UU se está quedando atrás. Lo han entendido al revés. Estados Unidos está subiendo y nuestro déficit comercial con China ha bajado al punto más bajo en más de una década. Estamos luchando contra las prácticas económicas desleales de China y defendemos la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán”, apuntó. También aprovechó el remate para echar en cara a Trump, sin nombrarlo, que no apostase por las asociaciones y alianzas en el Pacífico, “y que las tecnologías estadounidenses más avanzadas no puedan utilizarse en las armas de China”, como sí ha hecho durante su mandato el demócrata, con iniciativas novedosas como el Aukus, una alianza creada para plantar cara a Pekín. Por eso, concluyó con el mismo tono optimista que definió el resto de capítulos de su mensaje, “estamos en una posición más fuerte para ganar la competición del siglo XXI contra China o contra cualquier otro”.

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