domingo, julio 14

El Partido Laborista corteja al empresariado británico: “No habrá subida de impuestos” | Internacional

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El escenario puede ser a veces tan importante como el mensaje. Si los sondeos no se equivocan, la portavoz laborista de Economía, Rachel Reeves, tiene muchas probabilidades de convertirse, antes del verano, en la primera mujer en ocupar el cargo de ministra de esa cartera en la historia del Reino Unido. Y para pronunciar su discurso central, en una larga campaña electoral que se prolongará hasta el 4 de julio, ha elegido la fábrica central de Rolls-Royce, en la localidad inglesa de Derby. Símbolo universal de lo que fue un día el lujo británico. Símbolo actual, con el contrato para la fabricación de una nueva generación de submarinos nucleares, de una nueva era en la que la seguridad y la defensa serán ejes de cualquier esfuerzo de crecimiento económico. En ese contexto, Reeves ha querido tranquilizar al empresariado británico, consciente de que tanto conservadores como laboristas necesitan ser responsables y preservar el equilibrio presupuestario.

El Partido Laborista ha anunciado que, al menos durante su primer mandato, —si llega a Downing Street—, no tocará el impuesto de sociedades, el que grava los beneficios de las empresas, que el actual Gobierno conservador subió hace un año del 19% al 25%.

“El impuesto actual es el más bajo de todos los países que forman el G-7. Y creemos que este porcentaje supone el equilibrio correcto entre las necesidades de las finanzas públicas y las exigencias de una economía global competitiva”, ha anunciado Reeves. “El próximo Gobierno laborista tomará una decisión a favor de la empresa y del crecimiento económico: el 25% será la cifra tope de este impuesto durante la próxima legislatura (…) Las empresas podrán planear sus proyectos de inversión con la confianza de que sus ingresos serán gravados a un tipo concreto durante lo que queda de década”, ha asegurado.

El principal partido de la oposición ha expresado tres compromisos en materia fiscal: extender la vigencia del impuesto sobre beneficios extraordinarios de las empresas de energía, que ya implantó Rishi Sunak; imponer el VAT (el IVA del Reino Unido) a las tasas de los colegios privados; y un aumento, aún por especificar, sobre las ganancias del capital privado. “No habrá subidas adicionales de impuestos más allá de los que ya he señalado”, ha dicho Reeves este martes. Era el compromiso más claro realizado hasta la fecha en ese sentido, y supone atar las manos de un futuro Gobierno laborista a la hora de buscar financiación para la mejora de unos servicios públicos en clara decadencia.

Apoyo empresarial

La estrategia laborista de los dos últimos años ha sido un constante ejercicio de equilibrio en el que se han presentado como un partido a favor de los empresarios y a favor de los trabajadores. Respecto a estos últimos, el anunciado New Deal for Working People (El Nuevo Acuerdo para los Trabajadores), con reminiscencias de la histórica revolución en materia de derechos laborales del estadounidense Roosevelt, ha sido rebautizado, nada más comenzar la campaña electoral, como el Plan Laborista para que el Trabajo sea Pagado (Labour´s Plan to Make Work Pay). Muchas de las propuestas iniciales se han aguado para evitar la alarma entre el empresariado, hasta el punto de que Sharon Graham, la secretaria general de la confederación sindical Unite, ha dicho que la nueva versión “tiene más agujeros que un queso suizo”.

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A cambio, Starmer ha desayunado este martes con una carta de apoyo de 120 líderes empresariales y del mundo de las finanzas, dirigida al diario The Times, en la que respaldan al Partido Laborista, defienden que ha llegado “el momento del cambio” y acusan a los anteriores gobiernos conservadores de haber dejado tras de sí “inestabilidad, estancamiento y una falta de visión a largo plazo”.

‘Securenomics’ o la economía de la seguridad

Educada en el rigor presupuestario después de su paso por el departamento de Estudios del Banco de Inglaterra, Reeves ha basado la propuesta económica del Partido Laborista en la llamada “economía de oferta moderna”, la construcción teórica impulsada por la expresidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos, Janet Yellen, para superar décadas de globalización y desregulación de los mercados.

Esa estrategia, adoptada por la Administración del presidente Joe Biden, que combina el estímulo de la oferta de mano de obra y el aumento de productividad con fuerte inversión en infraestructura pública y facilidades fiscales para la economía verde, Reeves la ha bautizado como securenomics, o Economía de la Seguridad: “Comienza con el reconocimiento de que el mundo que conocimos antes de la crisis financiera de 2008 ha desaparecido, y la economía global ha sido rediseñada a través de una nueva era de inseguridad, marcada por la pandemia, la rivalidad entre grandes potencias, las nuevas tecnologías y la crisis climática”, ha explicado en Derby la portavoz laborista de Economía. “La prioridad de cualquier Gobierno debe ser hoy la seguridad del país, y eso incluye la seguridad económica para las familias corrientes, así como la seguridad de nuestra economía nacional”, ha señalado.

Dos pasos adelante, uno atrás

La constante preocupación de Starmer y su equipo por no espantar al electorado medio ni al empresariado británico les ha llevado a protagonizar quiebros y requiebros en sus promesas. Muchos críticos, sin negar la sustancia de las propuestas, creen que la cercanía de las urnas ha proporcionado al laborismo un baño de realidad que lo ha obligado a dar un paso atrás después de haber dado dos hacia adelante.

Ocurrió con el compromiso del partido de invertir casi 33.000 millones de euros (28.000 millones de libras) en la economía verde, con la intención de cumplir con los objetivos medioambientales del Reino Unido e impulsar la creación de nuevo empleo. A principios de febrero, el Partido Laborista, para escándalo de muchas organizaciones ecologistas, echaba atrás esa promesa financiera. “Es absolutamente esencial que todas nuestras medidas sean consistentes con las reglas fiscales de las que nos hemos dotado para no acabar por endeudarnos en el gasto del día a día. Tenemos que reducir la deuda respecto al PIB. Será solo si se cumple esa condición cuando invertiremos en lo que ayude a crecer nuestra economía, y eso incluye a los planes verdes”, ha defendido este martes Reeves, que ha logrado convencer a su jefe, el candidato laborista, de no abandonar ni un solo minuto el discurso del rigor presupuestario.

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