sábado, junio 15

Israel aumenta la persecución a la UNRWA cuando se avecina la invasión de Rafah | Internacional

Justo cuando el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha pedido a las fuerzas de seguridad que elaboren un plan para evacuar a más de la mitad de la población de Gaza (cientos de miles de ellos en tiendas de campaña) con vistas a la invasión por tierra de la zona de Rafah, un barco espera anclado en el puerto israelí de Ashdod con más de 1.000 contenedores de ayuda humanitaria para la Franja que se quedarán sin descargar. Se trata de harina, garbanzos, arroz, azúcar y aceite de cocina, entre otros productos, donados por Turquía a la agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos (UNRWA, por sus siglas en inglés) para alimentar durante un mes a 1,1 de los 2,3 millones de gazatíes. Este jueves, el contratista israelí que se encarga de gestionar la logística y papeleo necesarios para introducirla en camiones y trasladarla a la frontera ha comunicado a la UNRWA que ha recibido instrucciones de no hacerlo, ha contado este viernes el máximo responsable de la agencia, Philippe Lazzarini, en un encuentro con un grupo de periodistas en la sede en Jerusalén. La UNRWA ha desviado en consecuencia otro barco con ayuda humanitaria que tenía previsto llevar hasta Ashdod a Port Said, en Egipto.

Sucedió el mismo día en que el ministro de Finanzas, el ultraderechista Bezalel Smotrich, tuiteó la frase: “El Estado de Israel no dará beneficios fiscales a quienes colaboran con el terrorismo”. Enlaza a la noticia de que ha dado instrucciones de retirarles las ventajas de las que gozan, en tanto que organismo de Naciones Unidas: la exención de tasas aduaneras y de importación de productos vinculados a sus operaciones, así como del IVA en la importación. Sus trabajadores pagan también muy pocos impuestos cuando repostan gasolina. Smotrich pretende firmar las órdenes en los próximos días, según la información de la televisión pública israelí que tuiteó. Un banco israelí, Leumi, le ha cerrado la cuenta a la UNRWA. Lazzarini asegura de que se entera de las medidas por la prensa.

El miércoles, Netanyahu mencionó de nuevo a la agencia en un discurso a la nación. La semana pasada dijo que está “totalmente infiltrada” por Hamás. Esta vez, que no desempeñará rol alguno en la posguerra del devastado enclave palestino: “Daremos la bienvenida a la participación de Estados árabes moderados en crear un futuro diferente y mejor para Gaza. Eso también requerirá que la UNRWA, que perpetúa el problema de los refugiados palestinos, adoctrina en sus escuelas a los niños palestinos en el genocidio y el terrorismo, y de cuyas filas brotó una docena de terroristas asesinos que participaron en la masacre del 7 de octubre, debe ser reemplazada por agencias de ayuda responsables”. La organización provee educación, sanidad primaria, ayudas para comprar comida y ropa y microcréditos para 1,5 millones de refugiados en Gaza y otros 4,4 millones en Jordania, Cisjordania, Líbano y Siria. La agencia recibe su misión de la Asamblea General de la ONU, que la renueva anualmente.

Un joven recibe sacos de harina distribuidos por la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, en Rafah, el 1 de febrero.
Un joven recibe sacos de harina distribuidos por la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, en Rafah, el 1 de febrero.IBRAHEEM ABU MUSTAFA (REUTERS)

Son los últimos ejemplos en la creciente persecución a la UNRWA desde el 18 de enero, cuando el vicedirector general del Ministerio de Exteriores de Israel, Amir Weissbrod, expuso a Lazzarini las alegaciones ―contenidas en un informe en hebreo que no le entregó― de que 12 de los 13.000 trabajadores palestinos de la UNRWA en Gaza participaron en el ataque de Hamás del 7 de octubre. Uno secuestró a una mujer, otro participó en una matanza en un kibutz y un tercero dio munición a los milicianos, según el diario estadounidense The New York Times. El documento, elaborado por los servicios de inteligencia israelíes, señala asimismo que un 10% de los empleados locales tiene algún tipo de vínculo con Hamás o la Yihad Islámica. Para el ministro de Defensa, Yoav Gallant, la UNRWA perdió en ese momento “su legitimidad para existir”.

Tras la reunión, Lazzarini se entrevistó con el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres. El 26 de enero, anunció el despido de nueve de los 12 trabajadores señalados. Hoy admite que actuó “al contrario que en un juicio justo”, que se basa en la máxima de que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario, pero aclara que tomó en consideración “el enorme riesgo para la reputación” de la UNRWA, la gravedad de las acusaciones, la certeza de que la información iba a salir a la luz de todos modos y, sobre todo, la importancia de “preservar la capacidad de seguir operando y entregando ayuda humanitaria crucial” en el momento en el que más se necesita. Es decir, con riesgo de hambruna en el norte de Gaza, donde Israel no permite la llegada de ayuda humanitaria desde el 23 de enero (la Marina bombardeó un convoy la semana pasada, que tuvo que dar la vuelta). Y con una crisis humanitaria en Rafah, donde 19.600 personas por kilómetro cuadrado comen menos de lo necesario, hace frío e Israel ha aumentado los bombardeos.

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Gira por el Golfo

El anuncio de despidos, con escasos precedentes, y la filtración del informe ocasionó un goteo de anuncios de cese de la financiación. La UNRWA depende básicamente de aportaciones voluntarias de Estados. Nada les obliga a efectuarlas, ni a cumplir con las cantidades prometidas. Dieciséis países congelaron sus aportaciones, entre ellos los dos principales donantes: Estados Unidos y Alemania. La UNRWA ha perdido la mitad de su presupuesto. Algunos países, como España y Noruega, las han aumentado, pero muy lejos de compensar el agujero. La semana pasada, el ministro noruego de Exteriores, Espen Barth Eide, se mostró “razonablemente optimista” de que algunos donantes den marcha atrás en su decisión. Lazzarini, que viene de una gira por Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Arabia Saudí, es “cautelosamente optimista” de que los países del Golfo arrimen el hombro, como sucedió en la crisis de 2018, cuando el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cortó el grifo.

La controversia ha llegado hasta Bruselas. La semana pasada, en una reunión de ministros de Exteriores, el comisario de Vecindad y Ampliación, Oliver Varhelyi, desató la alarma y el disgusto entre algunos Estados miembros al insinuar que estaba buscando alternativas para la ayuda que entrega la UE, según varias fuentes que estaban en el encuentro. Una opción que Varhelyi planteó es dársela a Egipto o a otras organizaciones humanitarias y que se encarguen de la compra y la distribución, según las mismas fuentes. Varios países —entre ellos España— señalaron al comisario que determinar ese asunto no es su tarea y manifestaron su disconformidad, que también ha causado cierta tensión dentro del colegio de Comisarios, según aseguran fuentes comunitarias.

Varhelyi, que otras veces ha generado polémicas por dilatar ayudas a los palestinos (como una partida destinada a tratamientos para enfermos de cáncer en 2022), anunció en las redes sociales en octubre, justo después del ataque de Hamás, que suspendía toda ayuda de la UE a los palestinos, cuando no había ningún desembolso previsto de los que su equipo controla —proyectos de cooperación, por ejemplo— y la ayuda humanitaria va por otros canales. Varios socios desautorizaron al comisario y el Ejecutivo comunitario tuvo que dar marcha atrás públicamente y aclarar que esa suspensión no estaba sobre la mesa y que el comisario había actuado y hablado de manera unilateral.

Al comenzar los anuncios de interrupción de la financiación, la Comisión Europea explicó que no cuenta con hacer lo mismo. Además, no tiene previstos pagos hasta finales de mes, cuando se volverá a analizar el asunto “a la luz de las investigaciones anunciadas por la ONU”. La UE es el mayor donante de asistencia humanitaria y de desarrollo para Gaza, que se canaliza sobre todo a través de UNRWA, a la que ha aportado unos 281 millones de euros para el periodo 2021-2023.

Campaña

La UNRWA lleva años en el punto de mira de Israel. Algunos diputados y organizaciones han convertido denunciarla en un centro importante de sus actividades. La suelen acusar de connivencia con el Gobierno de Hamás en Gaza, de educar en el odio en las escuelas y de perpetuar el problema de los refugiados. Fue creada tras la Nakba, la huida o expulsión de dos tercios de los palestinos del territorio del Estado de Israel que acababa de nacer, y sus descendientes heredan el estatus de refugiado.

La campaña, sin embargo, ha subido varios grados desde los despidos. El titular de Exteriores, Israel Katz, ha pedido a Lazzarini que dimita y ya no es bienvenido en el ministerio. Netanyahu informó al secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, de que ha puesto en marcha un proceso para una posguerra sin la UNRWA. En su rueda de prensa en Tel Aviv, Blinken se mostró ambiguo: “Sabemos que el trabajo, las funciones, que efectúa la UNRWA tienen que ser preservadas porque muchas vidas dependen de ello”.

El pasado lunes, además, unas 200 personas se manifestaron frente a la sede de la UNRWA en Jerusalén con pancartas como “Saquemos al enemigo de Jerusalén” o “Jerusalén no será Gaza”. “¿Por qué le damos agua? ¿Electricidad? […] ¡No son de Naciones Unidas, son de Hamás!”, declaró en la protesta el vicealcalde de la ciudad, Aryeh King, al diario The Times of Israel.

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