sábado, junio 15

Los israelíes hacen acopio de alimentos, agua y generadores por temor a una represalia inminente de Irán tras el ataque en Damasco | Internacional

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― Hola, ¿tienen generadores?

― “Eres la vigésima persona que entra hoy preguntando por ellos. No me quedan y puedes ahorrarte el dinero porque no habrá guerra”, responde Sagi, dependiente de una tienda de electrodomésticos en el interior del gran centro comercial de Malja, en Jerusalén.

Sagi señala un lineal ocupado por cafeteras de cápsulas y añade: “Todo eso estaba lleno de transistores. No nos quedan desde que empezó la guerra [en octubre], pero esta semana ha venido más gente preguntando por ellos. Piden sobre todo sistemas de iluminación [que no requieren electricidad].

La secuencia muestra la preocupación que se ha extendido este jueves entre la población de Israel —con compras de alimentos en conserva, agua y generadores de electricidad— al extenderse la sensación de que Irán atacará este viernes el país en represalia por el asesinato de uno de los principales mandos militares iraníes en Siria, Mohammad Reza Zahedi, otros dos altos cargos castrenses y 10 personas más el lunes en la residencia del embajador en Damasco.

El ejército está en un nivel de alerta alta: ha detenido los permisos para todas las tropas de combate, llamado a filas a unos pocos reservistas de la Fuerza Aérea y reforzado las defensas antimisiles. El hospital Shaare Zedek de Jerusalén ha hecho este jueves un simulacro de escenario de atención masiva de víctimas y los corresponsales militares en la televisión llaman a la calma, pero recuerdan por si acaso a los espectadores que tienen hasta 11 minutos para llegar a un refugio antiaéreo en caso de lanzamiento de misil desde Irán y varias horas si se trata de un dron. No hay escenas de pánico ni falta gente en las calles, pero sí se ve a familias con bolsas de compra particularmente grandes.

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Con los rumores de un ataque inminente circulando por redes sociales y grupos de Telegram y WhatsApp en hebreo, el portavoz del Ejército, Daniel Hagari, ha comparecido para recordar que las instrucciones castrenses para la población “no han cambiado”, como sí suele suceder ante un horizonte bélico. “No es necesario comprar generadores de electricidad, alimentos ni sacar dinero de los cajeros”, ha precisado.

En Malja, una adolescente le hace caso y explica a alguien por teléfono que va a regresar a casa sin el generador eléctrico porque Hagari acaba de decir que no hace falta. Aviad se fía menos. Tiene 40 años y sale del supermercado junto a sus dos hijos. No lleva el carrito a rebosar, pero sí bastantes botellas grandes de coca-cola y agua, pan envasado que se calienta en el microondas y una docena de huevos.

― Los huevos son perecederos…

― Es que esta es solo una compra que he decidido a última hora por toda la presión que hay hoy. En realidad, ya tengo todo preparado. Compré muchas cosas tras la eliminación [el ataque del lunes en Damasco] y ya tengo generador en casa. Vamos, que mi familia está preparada para lo que venga.

Una anciana que prefiere no dar su nombre paga una linterna y una batería externa de móvil en una tienda de productos del hogar, Home Center. “Tengo una en casa, pero no sé si funciona ni, a mi edad, qué pilas necesita”, señala. He venido hoy por cómo está la situación, sí”. La situación es la palabra con la que muchos israelíes se refieren en abstracto al conflicto de Oriente Próximo. La dependienta, Silvia, explica que exponen ahora junto a la caja tres productos nuevos: una pequeña lámpara de emergencia que funciona sin electricidad, baterías externas de móviles y cerillas, normalmente dirigidas a los judíos religiosos, porque se usan para encender las velas del sabbat.

La suma de varios elementos poco tranquilizadores ha cambiado el ánimo en apenas 24 horas, pese a que ningún líder político y militar se ha pronunciado formalmente sobre un inminente ataque de Teherán. Uno de ellos, sobre el que preguntaron precisamente al portavoz, han sido las palabras a las tropas, difundidas por el ejército, del máximo responsable de los servicios de inteligencia militar, el comandante general Aharon Haliva: “He dicho más de una y de dos veces que no es seguro que lo peor haya quedado atrás y que nos esperan momentos complejos”.

Alteraciones en la señal de GPS

Otro es que las aplicaciones de navegación, como la israelí Waze o Google Maps, han comenzado a fallar en lugares como Tel Aviv o Jerusalén, mostrando la ubicación en Beirut o El Cairo. Se debe a las alteraciones de la señal de GPS que efectúa el ejército israelí para dificultar ataques. Solía suceder al acercarse a la frontera con Líbano, en el primer caso, o con Gaza, en el segundo, pero no en el centro del país. El ejército ha recomendado a los israelíes configurar manualmente su ubicación en la app del Comando de Retaguardia para recibir correctamente las alertas de proyectiles e infiltraciones de drones.

Tras el ataque en Damasco, el presidente de Irán, Ibrahim Raisi, prometió que Israel pagará un “alto precio”. Amenazas similares no siempre se ha cumplido en el pasado, como tras el asesinato en 2020 en Irak por Estados Unidos de Qasem Soleimani, un militar iraní más relevante que los últimos fallecidos y considerado la persona más poderosa tras el ayatolá Alí Jamenei. La respuesta, además, podría darse en Embajadas de Israel en el extranjero o a través de sus aliados, como Hezbolá en Líbano, los hutíes en Yemen o grupos milicianos en Irak. Teherán lo denomina “paciencia estratégica”: esperar a ver cuándo y cómo responder a una afrenta como la que efectuó el lunes Israel.

En Israel, sin embargo, se ha extendido el rumor de que la represalia tendrá forma de una inédita lluvia de misiles desde el propio Irán y será este viernes, por tratarse del Día de Al Quds (Jerusalén), la jornada en solidaridad con los palestinos que celebra cada año Irán en el último viernes del mes sagrado musulmán de Ramadán. Amos Yadlin, exresponsable de los servicios de inteligencia israelíes, ha señalado a la agencia Reuters que no le “sorprendería” que fuese el día elegido, aunque llamó a la población a no “entrar en pánico” ni “correr a los refugios”.

No opinan igual los mercados, que no terminan de creerse un ataque a gran escala de Irán sobre Israel. El petróleo Brent, el mejor termómetro del grado de nerviosismo de los financieros sobre el conflicto abierto en Oriente Próximo, cotizaba a última hora de la tarde de este jueves en tablas. El gas natural, por su parte, escalaba posiciones de forma moderada y por motivos completamente ajenos al avispero regional, informa Ignacio Fariza.

El crudo es una materia prima particularmente sensible en este caso. Lo es porque Irán es el octavo productor mundial, a un solo paso de Emiratos Árabes Unidos, y un miembro clave ―fundador― de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP, el cartel sectorial). También porque el estrecho de Ormuz, pese al cambio obligado de muchas grandes navieras, sigue siendo un lugar de paso clave para los buques petroleros. En los últimos 12 meses, las exportaciones iraníes de crudo rozaron los 36.000 millones de dólares (33.000 millones de euros).

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