miércoles, mayo 22

Los periodistas de la Rai se alzan contra ‘Telemeloni’ | Internacional

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Roma lleva días empapelada con unos carteles azules donde aparece una caricatura de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y un brazo levantado haciendo el saludo romano. “Apaga la Rai [la principal cadena pública italiana de televisión], ¿no ves que el fascismo ya está aquí?”. Es una muestra más del malestar que recorre los platós donde se produce la información pública, acosada, según los propios periodistas, por el Gobierno. “Nunca habíamos vivido una situación así. Ni siquiera en los tiempos de Berlusconi. La censura se manifiesta de forma diaria”, explica Enrica Agostini, veterana periodista de Rai News 24, el canal público de información continua. El pasado lunes, la mayoría de empleados decidió ir a la huelga en una protesta insólita que algunas cadenas del ente público lograron sortear gracias al boicot de un pequeño sindicato vinculado a la derecha que la dirección acaba de crear. El próximo jueves 16 de mayo los periodistas quieren salir a la calle de Roma para denunciar “la amenaza a la libertad de prensa que constituye el Gobierno de Meloni”.

El cambio de paradigma, denuncian los periodistas de la Rai consultados por este periódico, ha sido más agresivo que en ninguna de las épocas anteriores. Los empleados se quejan de que ya no existe ningún espacio de pluralidad en la cadena y que a menudo sufren presiones para enfocar de forma distinta sus informaciones. La lucha por el control de los medios en Italia no es nueva y encontró su máximo apogeo con Silvio Berlusconi en el poder, propietario de Mediaset. Sin embargo, incluso entonces, las cadenas públicas estaban repartidas entre partidos en lo que se conocía como la lottizzazione, una suerte de distribución histórica de los canales, nacida en tiempos de la Democracia Cristiana y el Partido Comunista. Hoy, se quejan, ya no existe ese pacto y todo el flujo comunicativo público está dominado por el relato de la derecha. “Se ha convertido en Telemeloni, y es algo extremadamente descarado que comienza desde que entras por la puerta hasta que se emite la pieza en la que has trabajado”, señala un periodista del TG1 que exige anonimato para hablar.

Agostini, que pertenece al sindicato mayoritario, habla abiertamente de lo que considera casos de censura. “En la política se manifiesta la censura cada día. Controlan las palabras que podemos usar en las piezas. Yo soy una resistente, llevo muchos años aquí y tengo un papel sindical: conmigo van con más cuidado. Pero lo hacen con todos y es algo cotidiano. La gente retira la firma de las piezas porque solo emiten propaganda. Llevo informando de política 20 años, nunca había sido así, nunca habíamos escondido noticias. Y es ridículo, porque luego salen en otro sitio y la gente se da cuenta de lo que estamos haciendo”, señala al teléfono. “Cuando manipulan tus noticias Intentan negociarlo contigo, claro. Cuando escribí sobre el salario mínimo, por ejemplo, dije que el Gobierno había acabado con la idea. Mi jefe me dijo: ‘eso parece un juicio personal’. Le contesté que era solo la realidad. Pero la censura, en mi caso, por ejemplo, es que ya no me dejan seguir los asuntos del Gobierno. Y algunos de nosotros no podemos escribir sobre la derecha”, insiste.

Roberto Sergio es el nuevo consejero delegado, presumiblemente solo hasta que termine el año de mandato que le quedaba a su predecesor y se pueda nombrar a Giampaolo Rossi, hombre de confianza de la primera ministra. Cuando recibió el encargo mandó una carta a los empleados diciendo que había que crear un nuevo “storytelling de la nación”. Es decir, otra narrativa, otra forma de contar la historia. Un mensaje evidente del cambio de rumbo.

Rossi —de momento es director general a la espera de que comience un mandato pleno dentro de un año— tiene mucho peso también, y no es un perfil cualquiera. Se trata de uno de los organizadores del Atreju, el congreso cultural de Hermanos de Italia, profundamente ideologizado, trabajado intelectualmente y de inocultables tendencias filoputinianas. Rossi representa mejor que nadie esa voluntad de construir un relato de Italia —y del mundo— que encaje en el perímetro ideológico de la derecha. Llega de la mano de otros dos viejos conocidos: Paolo Corsini y Angelo Mellone (periodista y ensayista sobre ese espectro ideológico).

Un escándalo mayúsculo

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Ese storytelling de la nación, que la derecha considera que le fue arrebatado durante muchos años por la izquierda desde los platós y la industria cultural, no pasa porque la primera ministra pueda recibir críticas de los intelectuales en antena. Y ese fue el caso que hizo detonar todas las protestas. Hace tres semanas, el programa de Rai 3 Chè Sarà que presenta Serena Bertone había encargado un monólogo al escritor Antonio Scurati para conmemorar el 25 de abril, Día de la Liberación del fascismo de Italia. Scurati, autor de los tres volúmenes de la trepidante biografía de Mussolini, escribió un texto histórico, pero crítico con el Gobierno de Meloni y con ella misma (decía, entre otras cosas, que Meloni procede de una cultura “neofascista” y que su Ejecutivo no se ha desvinculado de los crímenes cometidos durante el régimen de Mussolini). Cuando el documento pasó la revisión de la dirección, sin ninguna explicación, fue cancelado el contrato. El escándalo fue mayúsculo y hasta la propia Meloni intervino para decir que había sido por una cuestión de dinero, que era demasiado lo que iba a pagársele a Scurati (1.500 euros brutos).

Bertone leyó el monólogo en el programa y denunció la situación. Y por eso, la Rai le ha abierto un expediente disciplinario y ella ha preferido declinar la posibilidad de hablar con este periódico. Sin embargo, fuentes cercanas al caso aseguran que la excusa del dinero puesta por la Rai no se sostiene porque son las tarifas habituales. Daniel Macheda, secretario de Usigrai, sindicato de trabajadores, denuncia a este periódico la política de represalias que está utilizando la cadena con las voces críticas. “Lo que está pasando, incluido el anuncio de la apertura del expediente disciplinario para Serena Bortone, solo agrava la situación. Está gestándose algo cuyo resultado iremos viendo poco a poco y que es inquietante. Lo de Scurati, por ejemplo, no podía resolverse con un expediente disciplinario. No aclara lo que pasó y solo acusa a la colega”, apunta.

La dirección de la cadena acaba de crear un nuevo sindicato completamente minoritario y de adscripción ideológica a la derecha para preparar la batalla. El Gobierno considera que durante años las posiciones de la derecha fueron marginadas y que es el momento de acabar con esa situación. Aunque haya que abrir una lucha interna que desgaste el prestigio de la cadena. Macheda asegura que no entiende de “qué equilibrio hablan”. “Nunca había visto algo así. La Rai siempre ha tenido injerencia de partidos, siempre lo hemos denunciado como sindicato. Y lo seguiremos haciendo. Pero siempre se había distribuido bien la presencia de los partidos. Hoy ya no es así. El otro día emitimos 46 minutos de un discurso de Meloni, con los aplausos incluidos. ¡Y estamos en campaña electoral!”, protesta.

El problema de la Rai se suma a varias operaciones en marcha del Ejecutivo para ampliar el espectro de medios afines. El último caso es el de la posible venta de Agi, la segunda agencia de noticias del país, a un diputado de la Liga. Antonio Angelucci, el parlamentario con más abstencionismo, con más casos de incomparecencia en las sesiones (casi un 99%), es un empresario de la sanidad que, además, posee tres periódicos vinculados a la derecha. La agencia, propiedad actualmente de la compañía energética Eni (participada en un 35% por el Estado). Es decir, el Ministerio de Economía es el accionista mayoritario de la empresa, que deberá decidir la venta de una pieza clave de la información italiana a un diputado de la Liga que ya ha demostrado con creces su cercanía con Meloni en las informaciones de sus medios. Si se consuma la operación, creen los sindicatos de periodistas del país, el Gobierno habrá acumulado una influencia mediática sin precedentes.

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